Primavera y piel parecen ser dos eventos asociados para muchas personas. En ocasiones, algunos pacientes reconocen lo que les pasa porque es parte de la evolución de su enfermedad. Pero otras veces el origen no está muy claro y se preguntan: ¿que relación puede haber entre primavera y piel ?
Los actores principales
La piel está formada de distintas capas que de afuera hacia adentro son la epidermis, la dermis y la hipodermis o tejido graso.
La barrera epidérmica (o barrera cutánea) está formada por la capa más externa de la piel que actúa como escudo protector, regulando la pérdida de agua y defendiendo al cuerpo de agentes externos
Las glándulas sudoríparas y sebáceas están en la dermis pero sus productos (sudor y sebo respectivamente) son vertidos en la epidermis. Tanto el sudor como el sebo son importantes porque forman el manto hidrolipídico de la piel con acción protectora.
La microbiota o flora cutánea que, en salud y equilibrada, ayuda a mantener la barrera de defensa y mantener el pH ácido de la piel.
Cambios estacionales en la barrera cutánea
La barrera cutánea experimenta fluctuaciones según las temporadas.
En otoño e invierno, el aire frío y seco reducen la producción de lípidos naturales, causando sequedad y descamación. Este efecto se potencia con calefacciones que disminuyen la humedad ambiental.
Los aumentos de alérgenos ambientales (polen) en primavera penetran más fácilmente cuando la barrera está debilitada, provocando brotes de eccema.
El verano se acompaña de ración ultravioleta más intensa que puede alterar la estructura epidérmica, alterando su función protectora.
Variaciones de temporada de las glándulas cutáneas
Las glándulas de la piel no funcionan igual todo el año. Su actividad varía drásticamente según la temperatura y humedad ambientales, lo que altera la composición del manto hidrolipídico.
El verano es la estación de mayor actividad glandular debido al calor y la exposición solar. Esto puede producir piel más brillante y poros dilatados.
En invierno sucede lo contrario: el frío y el aire seco tienen un efecto opuesto, debilitando la barrera protectora
La primavera y el otoño, al ser estaciones de transición, sufren cambios variables en función del estado de la piel en la temporada precedente.
Fluctuaciones de la microbiota cutánea
La flora de nuestra piel no es estática y cambia para adaptarse a las condiciones ambientales de cada estación.
Durante el invierno hay una menor diversidad microbiana y predominan bacterias como el Cutibacterium, relacionada con el acné, y hongos como la Malassezia asociados a la dermatitis seborreica
En primavera, con el aumento de la temperatura y humedad, la diversidad aumenta. De esta manera los microorganismos que prefieren ambientes húmedos, como el estafiloco y el estreptococo, son más abundantes que en los meses fríos.
Primavera y piel: ¿qué pasa entonces?
Habiendo repasado los actores principales podemos ahora entender que brotes o alteraciones pueden producirse:
- Aumento de sebo y sudor, que puede acompañarse de brotes de acné
- Mayor radiación solar, porque el ángulo de incidencia del sol se hace más vertical
- Al quitarnos abrigos, tenemos más partes expuestas a polución ambiental y pólenes
- La adaptación del cuerpo a los nuevos horarios y temperaturas (astenia primaveral) origina cansancio y debilidad física que se puede reflejar en el rostro y una piel más apagada
Afecciones dermatológicas más comunes en este período
- Brotes de eccema y urticaria, sobre todo en personas alérgicas
- Fotosensibilidad: muchos medicamentos de uso corriente en la exposición solar provocan erupciones o quemaduras
- Los fármacos más implicados en esto son antiinflamatorios, algunos antibióticos o cremas con retinol y ácido glicólico
- Alergia al sol: las partes cubiertas en invierno y descubiertas en primavera, ante las primeras exposiciones pueden producir erupciones
- Buen ejemplo de esto último es la llamada erupción polimorfa solar que aparece como granitos pruriginosos o ronchas en zonas expuestas como cuello o brazos
- Algunas enfermedades previas como la rosácea y la dermatitis atópica pueden sufrir brotes
- En el caso de la rosácea, desencadenados por la mayor radiación solar y los cambios bruscos de temperatura
- Los pacientes con dermatitis atópica suelen tener la barrera cutánea debilitada, lo que permite que alérgenos como pólenes, ácaros o polutantes ambientales penetren con más facilidad originando brotes de picor e inflamación
Ante cualquier erupción primaveral consulta con tu médico. Puede haber muchas causas diferentes. ¡Que la primavera y la piel no te pasen factura! Si sabemos cuidarnos podremos dedicarnos a disfrutar lo más bonito de la estación.

