La disbiosis intestinal (o desequilibrio intestinal) es un término que se utiliza para designar las alteraciones de la flora intestinal.
Nuestro cuerpo no es estéril: convivimos con una gran cantidad de bacterias que hace muchos siglos han establecido con seres humanos y animales códigos de acuerdos mutuos que nos sirven para la mutua supervivencia. Tenemos una “flora” intestinal, vaginal, cutánea y bucal particular. Alguien poco romántico escribió una vez que “un beso no es más que un intercambio de bacterias…”
La ciencia lleva años estudiando las bacterias que nos acompañan y su impacto en la salud. Y el hecho es que estas bacterias tienen mucho que decir.
El intestino, sobre todo el grueso, tiene una gran cantidad de bacterias viviendo como nuestros huéspedes. Y cada vez que defecamos, nuestras heces no tienen sólo restos de la digestión: una buena parte de su volumen son bacterias. Aunque parezca mentira hay 10 veces más microorganismo en nuestro aparato digestivo que células en todo el cuerpo humano.
Si bien hay muchísimas bacterias intestinales, podemos agruparlas en 3 clases diferentes:
– Las simbiontes, o sea, los que están en un estado de simbiosis, que es cuando las dos partes reciben algún beneficio. O sea: nuestra flora “benéfica” nos aporta muchas cosas: ayuda en nuestras defensas, protege la barrera intestinal, sintetiza vitaminas y aún interviene a favor o en contra de la obesidad. A cambio nosotros les aportamos calor y alimentos.
– Las comensales. O sea, ni frío ni calor. Estas no hacen nada malo pero tampoco nada bueno. Simplemente están allí
– Las patobiontes. Aquellas que en condiciones y cantidades normales no son dañinas y son parte de nuestro paisaje pero que cuando crecen demasiado pueden traer problemas
Dentro de las simbiontes o bacterias benéficas aún tenemos varios tipos, basados en la función que tienen en nuestro cuerpo:
– Flora protectora: es la más conocida, formada por distintas especies de Bifidobacterias y Lactobacilus. Es la que está presente en los yogures y probióticos más habituales y tiene funciones protectoras constituyendo una barrera que impide el paso de las “bacterias malas”.
– Flora muconutritiva: menos conocida pero igualmente importante. Se encarga de alimentar y nutrir a las células del intestino. Ayudan en la digestión , absorción y síntesis de nutrientes
– Flora inmunomoduladora: tiene un papel esencial en el correcto funcionamiento del sistema inmunológico y las defensas
¿Por qué aparece la disbiosis intestinal?
Los desequilibrios en la flora son muy comunes y corrientes ya que las causas son también y lamentablemente muy frecuentes:
– Estrés
– Envejecimiento
– Ciertos medicamentos como los antibióticos (¡y muchos otros!)
– Gastroenteritis
– Alcohol y tabaco
– Dietas inadecuadas pobres en fibra y ricas en azúcares, proteínas o grasas, para nada equilibradas
¿Cómo se manifiesta la disbiosis intestinal?
Con síntomas muy comunes:
– Gases (con olor o sin olor)
– Heces “sueltas” o flojas o alternancia de estreñimiento con flojera
– Malestar intestinal
– Hinchazón abdominal
– Mala digestión
– Intolerancias alimentarias
– Candidiasis
– Infecciones urinarias de repetición
Las disbiosis acompañan muchos problemas de piel, como eccemas o psoriasis, alergias, infecciones respiratorias frecuentes, fibromialgias y muchos otros problemas.
¿Cómo se puede saber si se tiene una disbiosis intestinal?
La colonoscopia, un estudio habitual cuando hay alteraciones intestinales, nos dirá si hay pólipos, divertículos, cáncer y otros problemas, pero no medirá nuestra flora. Cuando hay molestias prolongadas es bueno siempre recurrir a ella. Pero si los resultados son normales y las molestias persisten, es el momento de recurrir a las pruebas específicas designadas para detectarlas.
Los cultivos de heces de rutina nos dirán si hay parásitos o patógenos concretos, pero no medirán nuestra flora, esto es, la composición exacta de bacterias inmunomoduladoras, muconutritivas y protectoras y el aumento de los patobiontes (Candida, bacterias proteolíticas, etc). Estas pruebas son especiales y no pertenecen a la batería de rutina de ambulatorios y hospitales. Son caras, de acuerdo, pero si las molestias son constantes y no obtenemos resultados con las pruebas habituales es una ocasión de recurrir a ellas. Porque entender nuestra flora nos puede dar la clave de muchos problemas.
Ningún caso es igual al otro: puede que nuestros problemas sean sólo por una disminución franca de alguno de los 3 grupos de bacterias benéficas ( ¡ o los tres!), o a la inversa, por aumento de proporción de bacterias “poco favorables”, o una combinación de disminución de las buenas y aumento de las malas.
El estudio intestinal de la disbiosis es una gran ayuda en los casos en que colonoscopias y estudios de parásitos son normales y aún las molestias persisten.
El tratamiento consistirá en aportar las bacterias benéficas del grupo que esté en falta y disminuir la población de las menos favorables si es que están aumentadas.
Este post es meramente divulgativo, de carácter general y no particular. A través de este medio no se realizan tratamientos ni comentarios sobre casos particulares.
Al ser de carácter público no se alienta la publicación de datos personales ni la historia clínica individual.

