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¿Qué es la betaína?

La betaína es un compuesto tri-metilado del aminoácido glicina que se produce en el cuerpo. Lo sé, las palabras químicas dan palo pero  en este caso sin la química no se entiende su función, así que he aquí una breve explicación. El radical metilo en química se escribe CH3. La betaína tiene 3 “pinchos”, cada uno con un metilo (CH3) en la punta. Y esto es así porque la betaína ¡es una donante de metilos! Va por el cuerpo entregándolos generosamente a donde más se necesiten. ¡ Vaya con los metilos! Pero es que el cuerpo, en realidad, contiene millones de reacciones químicas que están detrás nada menos que del balance y equilibrio o el desbalance y el caos. Entendamos o no la química.
Y sucede que hay una sustancia que se forma en el cuerpo que se llama homocisteína, con mucha menos prensa que el colesterol pero con iguales efectos potenciales dañinos sobre el sistema cardiovascular cuando está muy elevada. Pues sucede que, para metabolizarse correctamente y no acumularse la homocisteína necesita metilos, que son donados o bien por la betaína o bien por la famosa vitamina B12 (cuya fracción activa se llama casualmente  metil cobalamina). Esos metilos…
La betaína se forma en el cuerpo pero también proviene de fuentes alimentarias como remolacha, hígado, huevos, pescado, legumbres y cereales integrales.

¿Para qué se utiliza la betaína?

Tiene varias indicaciones:
– Para ayudar a bajar los niveles altos de homocisteína. Cuando está elevada la homocisteína se relaciona con enfermedad coronaria, infarto cardíaco, enfermedades vasculares periféricas (trombosis venosa por ejemplo) , osteoporosis, depresión, artritis reumatoide, defectos en el tubo neural del embrión, abortos espontáneos, declive cognitivo asociado a la edad, demencia senil y Alzheimer. Los niveles de homocisteína se pueden mirar en los análisis de sangre aunque hay que señalarlo expresamente ya que en las analíticas de rutina no aparece.
Hígado graso: es un trastorno bastante frecuente en nuestra sociedad. Suele estar asociado a obesidad y resistencia a la insulina.  El hígado se llena de grasa y no puede realizar bien sus funciones. Suele detectarse por aumentos de las enzimas hepáticas en los análisis de sangre. En este caso la betaína se utiliza como agente lipotrópico, o sea, que ayuda a catabolizar la descomposición de la grasa, ya que para este proceso se necesitan metilos que la betaína cede generosamente.
Ayuda digestiva: en este caso se utiliza la forma betaína HCL, que quiere decir betaína- ácido clorhídrico. El ácido clorhídrico es necesario en el estómago para la digestión de las proteínas. Actúa como una mini pimer deshaciendo las proteínas en una especie de puré, más absorbible y digestivo, que entonces pasa fácilmente a la siguiente etapa en el intestino. En ciertos casos, el ácido clorhídrico disminuye, ya sea por la edad o por una gastritis atrófica y entonces la digestión se complica y se hace lenta y pesada, sobre todo a la hora de digerir proteínas “fuertes” como la carne. Los suplementos de betaína HCL pueden ayudar en estos casos.

Recomendaciones finales

Si bien la betaína es un compuesto natural no se recomienda tomarla por cuenta propia sin consultar a un profesional, que es quien indicará con precisión las pautas y dosis y si existe alguna contraindicación para tomarla. La betaína es en general bien tolerada pero puede causar irritación gástrica en dosis altas.

Este post es meramente divulgativo,  de   carácter general y no particular. A través de este medio no se realizan tratamientos ni comentarios sobre casos particulares.

Al ser de carácter público no se alienta la publicación de datos personales ni la historia clínica individual.