Las barreras epiteliales son un mecanismo de defensa natural del cuerpo frente a alergenos, toxinas, polución y microbios, en los tejidos que contactan con el exterior.
Cuando respiro aire, ese aire no soy yo. Pero el cuerpo tomará el oxígeno necesario para su funcionamiento adecuado
Un alimento no soy yo. Luego mi digestión lo transformará en nutrientes para alimentar mis células.
La piel muy claramente recubre mi cuerpo: de un lado estoy yo y del otro el medio ambiente
Por ello están presentes en nuestro árbol respiratorio, el aparato digestivo y la piel.
Enfermedades alérgicas
Las alergias son muy frecuentes en nuestro mundo actual. Comprenden un espectro de enfermedades como:
- Asma
- Rinitis alérgica
- Rinosinusitis crónica con poliposis nasal
- Dermatitis atópica
- Alergias alimentarias
¿Cuál es el mecanismo común en todas ellas? Es lo que se conoce como respuesta inmunitaria tipo 2. En condiciones de salud es una vía que tiene el organismo para defendernos frente a los parásitos pero cuando se descontrola acaba desencadenando inflamación y alergias.
¿Qué tienen en común las alergias?
- Alteración de la barrera epitelial del tejido correspondiente: barreras “porosas”
- Células inmunitarias clave que participan en la reacción (linfocitos Th2, células linfoides innatas tipo 2 y células efectoras como mastocitos, eosinófilos y basófilos
- Alteraciones del microbioma
- Desregulación inmunitaria
Vamos a explicar paso a paso cómo funciona este sistema.
¿Qué hace que las barreras epiteliales se vuelvan porosas?
Muchas son las circunstancias que pueden incidir: predisposición genética, la vida moderna, industrialización ,exposición a tóxicos ambientales, virus, bacterias y hongos, entre otras.
En entradas anteriores de han comentado en detalle la barrera cutánea y el intestino permeable. Pero recordemos también que la vía respiratoria también está muy expuesta a estos mecanismos
Las consecuencias de la porosidad no se hacen esperar: es “abrir la puerta” al paso de alergenos o bacterias hacia el interior del cuerpo.
Siempre que la hay una alteración de este tipo se acompaña de una disbiosis, que implica que disminuyen las bacterias habituales “benignas” para dar paso a patógenos oportunistas que lo complican todo. Por ejemplo, Candida y otros muchos microorganismos en el intestino, estafiloco en la piel de la dermatitis atópica y estreptococo salivarius en la nariz.
¿Cómo se desencadena la alergia y la respuesta inmunitaria tipo 2?
Agentes que pueden afectar las barreras:
- Alergenos: ácaros del polvo, pólenes, etc
- Parásitos (helmintos, o sea “gusanos”)
- Productos de higiene personal o limpiadores del hogar
- Polución ambiental: partículas de polución, humo del tabaco
- Nanopartículas y microplásticos
- Alimentos procesados: enzimas, emulsificantes, conservantes, etc
Cuando el epitelio se vuelve poroso por cualquiera de estas circunstancias libera unas sustancias llamadas alarminas que entonces “despiertan” a las células dendríticas, que son parte del sistema inmunitario. Estas células se comportan como un mensajero que viaja al ganglio linfático regional para alertar al servicio de inteligencia: los linfocitos. Ellos deciden que dirección tomar y en el caso de las alergias eligen a una vía especializada: los linfocitos Th2. Estas células acuden al tejido epitelial correspondiente y liberan sus propias armas, llamadas citoquinas, produciendo un “incendio” en forma de reacción.
Por otro lado, los linfocitos B, que son los que producen anticuerpos, inician la producción de “anticuerpos de la alergia” o inmunoglobulina E.
¿Qué hace que las barreras epiteliales se vuelvan porosas?
Agentes que pueden afectar las barreras:
- Alergenos: ácaros del polvo, pólenes, etc
- Parásitos (helmintos, o sea “gusanos”)
- Productos de higiene personal o limpiadores del hogar
- Polución ambiental: partículas de polución, humo del tabaco
- Nanopartículas y microplásticos
- Alimentos procesados: enzimas, emulsificantes, conservantes, etc
Cuando el epitelio se vuelve poroso por cualquiera de estas circunstancias libera unas sustancias llamadas alarminas que entonces “despiertan” a las células dendríticas, que son parte del sistema inmunitario. Estas células se comportan como un mensajero que viaja al ganglio linfático regional para alertar al servicio de inteligencia: los linfocitos. Ellos deciden que dirección tomar y en el caso de las alergias eligen a una vía especializada: los linfocitos Th2. Estas células acuden al tejido epitelial correspondiente y liberan sus propias armas, llamadas citoquinas, produciendo un “incendio” en forma de reacción.
Por otro lado, los linfocitos B, que son los que producen anticuerpos, inician la producción de “anticuerpos de la alergia” o inmunoglobulina E.
La tormenta perfecta
La IgE (inmunoglobulina E) se une entonces al receptor de unas células llamadas mastocitos que son una suerte de centinelas que residen estratégicamente por debajo de las barreras en esos tejidos.
En una palabra: la IgE “alerta” a los mastocitos, que son muy poderosos ya que contienen gránulos en su interior que contienen histamina, enzima triptasa y también citoquinas. Cuando ocurre la alerta, los mastocitos liberan todo eso a su entorno circundante, desencadenando los síntomas de la alergia.
Por eso, cuando hay niveles altos de IgE en sangre podemos saber que estará ocurriendo esta batalla en los tejidos implicados, ya que los mastocitos no están en la sangre y no podemos medirlos.
Pero tenemos otras dos células que están implicadas en las alergias y sí podemos verlas en un simple hemograma: los eosinófilos y basófilos.
Los basófilos contienen también gránulos de histamina que liberan cuando se les une la IgE ante la presencia de un alergeno
Los eosinófilos también poseen también gránulos poderosos que contienen, entre otras cosas, proteína catiónica eosinofílica. Participan activamente en las reacciones alérgicas y el asma.
Conclusiones finales
La incapacidad del epitelio para reparase y cerrar las barreras perpetua el círculo vicioso de barreras permeables, disbiosis microbiana e inflamación crónica.
Conocer la función de las barreras epiteliales es importante para poder acompañar el tratamiento de las alergias a la reparación de las mismas y corregir la disbiosis acompañante.
Hay acciones de apoyo tales como aportar probióticos y glutamina para reparar la porosidad intestinal, grasas beneficiosas para la piel en la barrera cutánea o lubricantes e hidratantes específicos que eviten la sequedad de la mucosa nasal.

