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La Conexión Piel Intestino

La piel expresa muchas veces lo que sucede en el interior del cuerpo. Hablar de una conexión piel intestino puede parecer a primera vista algo sorprendente. Sin embargo el enfoque integrativo de la medicina propone ir más allá de las especialidades concretas que abordan la enfermedad desde un único órgano para establecer una conexión interdisciplinaria.¿ Que tenemos picores? ¿granos?¿dermatitis? ¿psoriasis?. Muchas veces la explicación de todos esos fenómenos se encuentra más allá de la propia piel. Y el intestino tiene mucho que decir en este tema. Examinemos un poco la cuestión:

El intestino

El intestino fue considerado durante muchos años de una forma mecánica . Un simple “tubo” por donde pasaba la comida antes de ser excretada. Pero durante el siglo pasado aparecieron muchas líneas de investigación y se descubrieron muchas y asombrosas funciones.  Todo ello en constante revisión y actualización.  Para redondear el concepto podemos decir que en el intestino hay tres “actores” importantes:

1-      Las células que recubren el “tubo” intestinal por dentro:  la mucosa

2-      Las bacterias intestinales: la flora o microbiota intestinal

3-      Sistema inmunitario intestinal

A mayor detalle

1-      La mucosa: forma una serie innumerable de pliegues que se llaman vellosidades, a modo de “origami” – el papel plegado japonés.

Este plegado le permite aumentar la superficie de absorción en un espacio más reducido.

Sin embargo, si estiráramos todas esas vellosidades … sería igual a la superficie de un campo de tenis! (unos 300 metros cuadrados).

¿Y por qué es tan importante que haya tan gran superficie? Para  lograr una mejor absorción de los nutrientes que le llegan con los alimentos.

Cada célula intestinal se dispone pegada a la siguiente por una especie de “pegamento” , con la finalidad que los nutrientes no se “cuelen” por las rendijas sino que atraviesen la célula de arriba hasta abajo. Y esto es así porque cada célula es una pequeña “fábrica”, que va procesando los alimentos para liberarlos a la circulación en la forma apropiada.  De manera que cuando el “pegamento” está estropeado, los nutrientes no procesados se “cuelan” en la circulación, ocasionando problemas a distancia: dolores articulares, dolores de cabeza, problemas cutáneos. Es lo que se llama “síndrome del intestino poroso”.

2-      La microbiota intestinal:  se llaman así a las bacterias que viven en el intestino. Tenemos 10 veces más bacterias que células, y de hecho pueden suponer hasta 2 kg del peso total de un adulto y constituyen el 50% de las heces.  Esta flora está en constante estudio y revisión, descubriéndose continuamente nuevas funciones dentro del cuerpo humano.  Existen más de 500 especies diferentes de las cuales predominan 30 a 40 especies.  Cuando la proporción de bacterias intestinales se altera y desequilibra  aparece una disbiosis, que produce muchas molestias digestivas e intestinales: hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea…

3-      Sistema inmunitario intestinal:  aunque no sea un hecho muy conocido lo cierto es que el intestino es responsable del 60 al 70% de nuestras células inmunitarias. Allí forma distintas estructuras especializadas con la única misión de proteger al cuerpo. Es lógico: a través del tubo digestivo penetran muchas sustancias y el sistema inmune debe “vigilar” constantemente.  Cuando está desequilibrado pueden aparecer muchas enfermedades: alergias, infecciones a repetición por defensas bajas, enfermedades autoinmunes…

El segundo cerebro

A estos tres actores podríamos agregar otra función importantísima: la de ser el segundo cerebro.  Este “cerebro” digestivo se conoce como Sistema Nervioso Entérico, que tiene millones de neuronas y neurotransmisores – sustancias que actúan como mensajeros capaces de influir en el estado de ánimo y la salud. Entre los neurotransmisores encontramos la dopamina, la serotonina y la histamina.  Muchos estados depresivos, ansiedad e irritación pueden estar relacionados con el déficit o exceso de estos neurotransmisores.  Por ejemplo:  cuando una persona está estreñida fabrica menos serotonina y por lo tanto puede ser propensa a alteraciones emocionales. Es lo que se llama la conexión “cerebro- intestino”.

La relación piel- intestino

Las alteraciones de la mucosa, como el síndrome del intestino poroso o permeable  antes mencionado, se pueden asociar con cuadros como el acné, la rosácea,  la psoriasis o la dermatitis atópica. De hecho, está bien documentado que algunos pacientes con psoriasis pueden ser celíacos o tener intolerancia al gluten, lo que causa el sufrimiento y la inflamación de la mucosa intestinal.

Las alteraciones de la flora pueden originar disbiosis por bacterias proteolíticas.  Estas bacterias tienen el potencial de fabricar aminas biógenas, la más famosa de las cuales es la histamina, que en cantidades elevadas puede producir picores y erupciones o agravar cuadros como la dermatitis atópica,  la psoriasis y la rosácea.

Las alteraciones del sistema inmunitario intestinal pueden agravar o inducir estados alérgicos, dermatitis atópica y enfermedades autoinmunes.

Las alteraciones del segundo cerebro explican muchos estados anímicos que pueden acompañar a algunas enfermedades de la piel: estados depresivos, irritabilidad, ansiedad…

De allí que sea tan importante el enfoque integrativo: contemplar todos los síntomas del paciente, más allá de la piel, porque muchas veces responden a un mismo desequilibrio que hay que corregir. Cuando sea así, corregir los trastornos intestinales puede mejorar algunas enfermedades cutáneas y ciertos estados anímicos que las acompañan.

Este post es meramente divulgativo,  de   carácter general y no particular. A través de este medio no se realizan tratamientos ni comentarios sobre casos particulares.

Al ser de carácter público no se alienta la publicación de datos personales ni la historia clínica individual.